Ella iba en el asiento mejor ubicado del autobús, al lado de un anciano, mientras divagaba entre sus pensamiento, el autobús se paró, como en una de sus veinte estaciones. Ella giró la cabeza, y no daba crédito de lo que veía, de que le veía, de repente, todos sus divagantes pensamiento se agruparon solo en uno, en él.
Hacía cuatro años, que no se veían.
Comenzó a recordar, aquel banco de madera, de un otoño frío, de un amor, o un pequeño sentimiento, de aquellos que enriquecen el alma, que aceleran el corazón... ese dulce amor infantil, y a su vez no tan infantil, que te llega a corta y temprana edad pero que te toca lo más maduro de tu corazón.
Comprendió que con el dolor que le había causado, ni tan siquiera le otorgaba el derecho de mirarle, giró la mirada, y siguió entre sus pensamientos.
Él caminaba con rumbo puesto en un solo pensamiento, cruzaba la calle, como otro día más, sabía que no debía cruzar por ahí, ya que tenia que ir por el sitio correcto, pero vió pararse el autobús, y aprobechó a cruzar por ahí, giro la cabeza, y no daba crédito a lo que sus ojos observaban, era ella, después de tanto tiempo.
Hacia cuatro dolorosos años que no se veían.
Sintió un vuelco al corazón cuando dentro de él resonó ese sentimiento tan amargo de aquel otoño, más frío que los demás, cuando entre un par de lágrimas le dejo en un banco, sentado, sin más palabras que un adiós.
Volvió a mirar, era demasiado tarde ella había agachado la mirada, y el autobús ya se estaba alejado de la estación.
jueves, 2 de diciembre de 2010
sábado, 13 de noviembre de 2010
Estoy harta de las medio-verdades y medio-mentiras, harta del quiero y no puedo.
Cansada de ver como hago el doble y solo consigo la mitad, como pierdo el tiempo, y me lo hacen perder.
Estoy abrumada, destrozada y con el corazón a medias.
Necesito descansar y curarme el corazón que esta vez la razón lo está destrozando.
jueves, 21 de octubre de 2010
Tu propio rincón.
·
·Estaba seguro de que lo que hacia estaba correcto, cogió la puerta y se marchó. Lo único que se oyó fue un par de gemidos, y las lágrimas caer. Ella se tumbó en su cama deshecha, y rebuscó entre las sábanas, su olor. Empezó a recordar, como las gélidas manos de la persona que mas amaba, se posaban en sus mejillas mientras, ella, sonreía, intentando no pensar, que mas tarde, todo aquello vivido, iba a desaparecer.
Encontró un pequeño recuerdo, entre la sábana y el cojín, le venía a la mente aquel pequeño rincón tan suyo, que hicieron bajo las sábanas, bajo la almohada, dentro de su corazón.
Como el decía: "el tiempo es nuestro, no hay nada que nos pare".
Paradojas de esta vida, desapareció.
Como aquello que tanto quieres, por lo que luchas hasta que tus ganas se acaban,
hasta que todos aquellos esfuerzos no hacen que eso que quieres se acerque, sino que se aleje, como la cuerda que atas y de la fuerza se rompe, como aquello que ella sentía, mientras el reloj marcaban las diez, y ella seguía enterrada, entre las sábanas, sus recuerdos, y el amor.
miércoles, 20 de octubre de 2010
Era la típica persona de manos frías,
callado y reservado,
que jamás era capaz de mantener la mirada.
Sin embargo,
paseaba su mirada sobre ella,
como si contemplara la séptima maravilla del mundo.
Jamás sacó el valor suficiente
y se pasó con su valentía.
No comprendió que el término medio del amor,
No comprendió que el término medio del amor,
era amar sin medida.
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